jueves, 14 de marzo de 2013

Let it be.

Da igual.
No importa.
Estoy bien.
Pero bueno.
No es importante.
Está bien.
Solo estoy cansada.
Mentiras. Todo son mentiras. No da igual. Sí me importa. No estoy bien. No quiero cambiar de tema. Es importante para mí. No está bien. Y sí, estoy cansada, pero de vivir.
Quizá sea una suicida en potencia.
No, quizá no, lo soy.
Tras seis intentos, siento que mi alma se pudre por dentro. Si el cielo existe, yo no tengo la puerta abierta, ni de broma. Y no quiero vivir más. ¿Para qué? ¿Para seguir sufriendo los insultos de mi padre? ¿Para seguir decepcionando a mi madre? ¿Para extrañar cosas que nunca han ocurrido? ¿Para ser ignorada en el colegio?

No, lo siento, me toca rendirme.

He escrito mi despedida muchas veces. Quizá demasiadas. Y creo que haría daño a mucha gente. Aunque no cercanas, nadie se daría cuenta de mi falta. He estado horas encerrada en un baño, decidiendo si morir o aguantar un poco más, y nadie ha notado mi ausencia nunca. ¿Por qué debería quedarme más? No tengo por qué aguantar más. ¿Por quién debo quedarme aquí? El infierno no es nada comparado con mi vida.

Y esto es un hasta luego. Nos veremos todos en el infierno.




lunes, 4 de marzo de 2013

I'm ok mom.

Hoy, mirando fotos antiguas, me he dado cuenta de que extraño a mi madre.
Ella no se ha ido, sigue aquí. Pero es como si no estuviese, las veces que la necesité no estuvo. Me hace daño. Ella no se da cuenta, lo sé, pero a cada palabra que suelta me hace aún más daño. Y es que si aquel día yo me hubiese quedado en mi cuarto, no la habría visto llorar, no me habría convertido en su baúl de los secretos, no sería su maldito pañuelo. Quizá, si nunca hubiese sabido nada, si me hubiese seguido haciendo la sorda, mamá nunca me hubiera contado nada, yo jamás habría hablado, y papá nunca se hubiera enfadado conmigo, y no me hubiera chillado, y no habría huido al baño. Y ahora, no estaría llorando mientras recuerdo esto.

El tiempo me ha cambiado. Llamemos al tiempo daños.

Siempre he odiado la poesía. Quizá ahora encuentre una salida en ella, quién sabe. Aunque lo dudo, no soy buena ni para eso. No soy buena para nada. Soy una inútil. Soy débil, pero finjo.
Dicen que si pasas mucho tiempo mintiendo, al final te crees la mentira. Yo me he creído mi mentira. Ya no siento. No puedo llorar.

Una vez me dijo alguien que algún día aparecería una persona especial, una persona que conseguiría romper mi muro de insensibilidad, que haría que la vida mereciese la pena vivirla. Me dijo que admiraba mi fuerza. Dijo que si había llegado hasta aquí, podría aguantar hasta cuando encontrase a la persona que, por fin, sería fuerte por mí. Quizá no sabía que él era esa persona.

Maldito italiano. Maldita sea tu sonrisa. Maldita sea tu jodida forma de hablar, que hace que me arrepienta en segundos de actuar. Maldita sea tu risa. Maldeciré toda mi vida tu voz, que me atormenta en sueños, susurrándome bellas palabras. Maldigo tus manos. Y maldigo tus labios. ¿Algún día podré verte italiano? ¿Tendré tus besos italiano? ¿Me abrazarás?

Malditos sean los recuerdos inexistentes. Porque eso son. Extraño encontrarme en tus brazos cada mañana, y jamás tuve eso.

A veces me siento mal al mentir. Pero luego recuerdo que lo hago por ellos. Porque, ¿qué mal les hace pensar que mi sonrisa es de verdad? Obviamente es falsa, tengo ganas de llorar. Muero por ver mi sangre brotar. Añoro los mareos en la bañera. Jodida masoquista, pensarán. ¡Jodida mi mente dirás! ¡Me miente! ¡Hace que mi alma se sienta desgraciada! ¿Por qué se siente así? Lo tengo todo joder, lo tengo todo. No puedo quejarme. Tengo al amor de mi vida, a kilómetros de distancia, pero lo tengo. Tengo una hermana que me quiere. Una amiga que me entiende, o por lo menos lo intenta. ¡Estoy viva! ¡Viva os digo! Pero me siento muerta. Mi alma se pudre por momentos.



domingo, 3 de marzo de 2013

Sometimes, we feel like suicidals.

Estoy acostumbrada a que me digan que mis problemas no son importantes, que son simples idioteces de la edad, que "ya te darás cuenta más adelante, que lo que hoy parecía motivo de suicidio, era una idiotez." Y obviamente sé que no son insolucionables, pero hay momentos, en los que todo te puede, y no eres capaz de ser más fuerte. 

He llegado a ese punto.

Sé que soy idiota, una completa inútil, no sé hacer nada bien. No puedo dar buenos consejos, y cuando los doy, no soy capaz de aplicármelos a mí misma; y eso, muchas veces, es un problema. Ya nada me sacia, no hay un maldito hobbie que me llene. La música no calla mis pensamientos ya. Siquiera la que fue mi salida durante años me llena completamente. Y yo, como idiota que soy, sigo haciéndolo. E incumplo promesas a escondidas, y pido ayuda en silencio ahogándome en mis horribles pesadillas. Pesadillas, que cómo no, se hacen cada día aún más reales.

Cada día maldigo mi pulso, maldito pulso cobarde, que nunca consigue encajar. Maldita vena burlona, que se esconde de mi mano al pasar.

¿Por qué no pude terminar con mi vida antes? Un nuevo día, una página más en mi cuaderno. Cuaderno lleno de amarguras. Compadezco las páginas que han de aguantar dichas palabras, que sufren mis dolores. Algunas tienen sangre. Otras tinta a medio borrar, lágrimas juguetonas que intentan romper mis palabras. ¿Cuántas veces habré escrito esas últimas palabras? Todas suenan falsas, superficiales, algunas llegan a rozar una falsa felicidad. No quiero ser recordada. No quiero que nadie me recuerde. Quiero ser una maldita alma perdida, que nadie recuerde lo que fui. No quiero tener una descendencia. Siquiera quiero ya ser feliz. Quiero que mi dolor se calme, que algo me sacie, quiero sentirme segura... Y tristemente, encontré la seguridad en brazos de alguien lejano. Tan lejano que dudo que pueda sentir jamás su aliento en mi nuca. 
Apareció cuando peor estaba. Seguramente no estaría viva hoy si él no hubiese aparecido. Mil indirectas le mandé cuando aún podía.

Quería su atención. Necesitaba su jodida atención.

Me enamoré de él sin haberle visto nunca. Supe que no podría vivir sin su voz en cuanto la oí. Llegué a marcar su nombre en mi piel. Un dolor agradable, puedo asegurarlo. Tan dentro, tan asquerosamente dentro me llegó, que marcarlo para siempre ya no era suficiente. Necesito de sus abrazos, de sus besos, necesito sus miradas, le necesito a él joder. Y odio eso. Le odio por amarle tanto.

Muchas veces el dolor más horrible no es suficiente. Igual que nunca seré suficiente para nadie, mi dolor tampoco lo será para mí. 

Porque me merezco sufrir, por todo lo que he hecho, por todo lo que hago, y por todo lo que haré.