domingo, 3 de marzo de 2013

Sometimes, we feel like suicidals.

Estoy acostumbrada a que me digan que mis problemas no son importantes, que son simples idioteces de la edad, que "ya te darás cuenta más adelante, que lo que hoy parecía motivo de suicidio, era una idiotez." Y obviamente sé que no son insolucionables, pero hay momentos, en los que todo te puede, y no eres capaz de ser más fuerte. 

He llegado a ese punto.

Sé que soy idiota, una completa inútil, no sé hacer nada bien. No puedo dar buenos consejos, y cuando los doy, no soy capaz de aplicármelos a mí misma; y eso, muchas veces, es un problema. Ya nada me sacia, no hay un maldito hobbie que me llene. La música no calla mis pensamientos ya. Siquiera la que fue mi salida durante años me llena completamente. Y yo, como idiota que soy, sigo haciéndolo. E incumplo promesas a escondidas, y pido ayuda en silencio ahogándome en mis horribles pesadillas. Pesadillas, que cómo no, se hacen cada día aún más reales.

Cada día maldigo mi pulso, maldito pulso cobarde, que nunca consigue encajar. Maldita vena burlona, que se esconde de mi mano al pasar.

¿Por qué no pude terminar con mi vida antes? Un nuevo día, una página más en mi cuaderno. Cuaderno lleno de amarguras. Compadezco las páginas que han de aguantar dichas palabras, que sufren mis dolores. Algunas tienen sangre. Otras tinta a medio borrar, lágrimas juguetonas que intentan romper mis palabras. ¿Cuántas veces habré escrito esas últimas palabras? Todas suenan falsas, superficiales, algunas llegan a rozar una falsa felicidad. No quiero ser recordada. No quiero que nadie me recuerde. Quiero ser una maldita alma perdida, que nadie recuerde lo que fui. No quiero tener una descendencia. Siquiera quiero ya ser feliz. Quiero que mi dolor se calme, que algo me sacie, quiero sentirme segura... Y tristemente, encontré la seguridad en brazos de alguien lejano. Tan lejano que dudo que pueda sentir jamás su aliento en mi nuca. 
Apareció cuando peor estaba. Seguramente no estaría viva hoy si él no hubiese aparecido. Mil indirectas le mandé cuando aún podía.

Quería su atención. Necesitaba su jodida atención.

Me enamoré de él sin haberle visto nunca. Supe que no podría vivir sin su voz en cuanto la oí. Llegué a marcar su nombre en mi piel. Un dolor agradable, puedo asegurarlo. Tan dentro, tan asquerosamente dentro me llegó, que marcarlo para siempre ya no era suficiente. Necesito de sus abrazos, de sus besos, necesito sus miradas, le necesito a él joder. Y odio eso. Le odio por amarle tanto.

Muchas veces el dolor más horrible no es suficiente. Igual que nunca seré suficiente para nadie, mi dolor tampoco lo será para mí. 

Porque me merezco sufrir, por todo lo que he hecho, por todo lo que hago, y por todo lo que haré.




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